Sociedad Budista para la Sabiduría Compasiva

Hay quietud dentro del ruido

Se comienza tejiendo paja

Rodeando un espacio vacío

Flores silvestres caen más allá de una puerta en la sombra

Penetrando en la existencia sin apresar nada

Contemplando la vacuidad sin analizarla

Diez Mil sonidos surgen de lo condicionado

Profundamente, por dentro, hay quietud dentro del ruido

La mente y el mundo son esencialmente UNO

Al volar, las aves no dejan huella.

Liu Zongyuan

Mensaje de año nuevo 2026

El pasado 30 de diciembre terminamos nuestro retiro de invierno. Mantuvimos una práctica sostenida por cuatro días.

Dos reflexiones me vienen a la mente. Una, que la claridad de la mente, el sano sentimiento que surge al hacer retiro proviene precisamente de un esfuerzo sostenido. No es un regalo que llega gratuitamente. Es algo real, pero no llega así nada más, por nada.

En cierto modo es similar a subir una montaña. El entusiasmo que sentimos al llegar a la cima, respirando el aire fresco; el cansancio de haber realizado nuestro mejor esfuerzo; la vista desde la cima: todo esto se da gracias a nuestro constante esfuerzo.

La otra reflexión es respecto a lo que pudiéramos llamar «la meta», o como en la imagen anterior, la «cima de la montaña». Contrariamente a esta imagen, en la meditación zen realmente no «vamos» a ningún lugar. La meta ya reside en nosotros. Y entre más íntimamente OBSERVEMOS, sólo aquí, sólo ahora, sólo esto, la práctica se hace más real, más viva, más profunda. Nuestras mentes, estando atentas constantemente, están activas. Pero esta actividad resulta en una serena claridad. En la atención unificada, fluimos a través de un silencio atemporal, esencial, fundamental. Es un trabajo simple, aunque no fácil. Apenas bajamos la guardia, nuestras mentes son prontas en apegarse con aquellas ideas, conceptos, apariencias con las que constantemente se identifica. Perdemos entonces claridad.

En un párrafo de “Las Enseñanzas de Bodhidharma”, leemos: “La esencia del Camino es el desapego. Y la meta para aquellos que practican es libertad de apariencias. Quienquiera que escucha, cree y practica esta enseñanza, se embarca en el Gran Vehículo y abandona los tres reinos. Estos tres reinos son codicia, odio e ignorancia. Abandonar los tres reinos significa transformar codicia, odio e ignorancia en conducta ética, meditación y sabiduría.”

Los tres venenos están dentro de nosotros. Pero en nuestro interior también está la posibilidad de transformarlos en ética, meditación y sabiduría.

Como en el retiro, a nadie se le da esto gratuitamente. Todo se trata de trabajo interno, que sólo da fruto a través del cuidado y el amor de la práctica constante. Afortunadamente tenemos el apoyo de nuestra amistad en el dharma. Estamos solos, pero también, juntos nos acompañamos. Nos tropezamos, pero también nos ponemos de pie y nos ayudamos mutuamente.

¡Recibamos este Año Nuevo con una renovada fe en esta práctica de autoayuda, y un renovado compromiso con nosotros mismos de mantenernos constantes y apoyarnos mutuamente en el Camino!

Toan Sunim

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